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La tanatología

Hace unos días una familia me pidió apoyo para atender a una persona a quien recientemente le habían diagnosticado una enfermedad terminal, así que me trasladé a su domicilio en donde vive con su esposa dos hijos, sus parejas e hijos… en cuanto arribé su esposa subió para limpiarlo, cambiarlo y que pudiera recibirme de la mejor manera…

Fue cuando me preguntó uno de sus hijos… ¿En qué nos puede ayudar un tanatólogo, si mi papá está ya muy mal y pronto morirá?… Le dije: el tanatólogo es el profesional capacitado para ayudar en el proceso de duelo, así como en cualquier tipo de pérdidas significativas, a la persona que muere y a aquellas que lo rodean, para ello ha sido previamente entrenado para manejar el dolor físico y espiritual… Otra la finalidad del tanatólogo es procurar que al paciente o cualquier ser humano que sufra una pérdida se le trate con respeto, cariño, compasión y que conserve su dignidad hasta el último momento…. El tanatólogo debe de tener la capacidad para “ponerse en los zapatos del otro”; es decir, ser empático, para de esta forma entender lo mejor posible el momento por el cual está pasando y ayudarle a resolver sus asuntos pendientes de todo tipo y con todas las personas importantes o no para el enfermo… Y todo ello, con respeto, confidencialidad, cordialidad; en pocas palabras con calidad humana para poder ofrecer al paciente el apoyo que busca…. El tanatólogo entiende, conoce el tema de la muerte y ayuda brindando apoyo durante todo el proceso terminal, en la elaboración del duelo y así lograr vivirlo de una manera positiva. Todas las teorías y toda la ciencia del mundo no pueden ayudar a nadie tanto como un ser humano que no teme abrir su corazón a otro…

Por ello, la Tanatología ayuda tanto a los pacientes terminales como a los familiares y allegados desde el momento en que el familiar es diagnosticado, durante el proceso y posterior a la muerte para la elaboración del duelo… Así también la Tanatología se enfoca a cualquier pérdida significativa que tenga el ser humano, es por ello que la importancia de la Tanatología hoy en día es indiscutible, contemplando que a lo largo de nuestra vida enfrentamos diversos tipos de pérdidas, muertes, separaciones, pérdidas de miembros, pérdida de salud, de ilusiones ante una discapacidad, es por ello que su campo de acción es muy amplio.

El duelo es uno de esos estados con los que todos los seres humanos nos encontramos varias veces a lo largo de la vida. Aún no hemos nacido y ya comenzamos a perder, (Por ejemplo, al padre si es que éste rechaza o no reconoce al hijo). A su vez, cada pérdida implica un sufrimiento que debe ser tramitado y superado.

Lo común a todo duelo es que implica una pérdida. Sin embargo, y dado que las pérdidas pueden ser de diversa naturaleza, también existen diferentes tipos de duelo. Por ejemplo, a los llamados “duelos evolutivos” cuando se refieren a las pérdidas que implica el paso de una edad a otra. También se mencionan los “duelos sociales”, como la pérdida de un empleo, la jubilación, el destierro, etcétera

Sin embargo, los duelos que más dificultades traen son los que se originan en la pérdida de personas amadas, especialmente por muerte… Esto se debe en gran medida a que la mayoría de las veces se acaba el vínculo, pero no el amor del que está compuesto, ni los sueños, fantasías y esperanzas que lo acompañan. Por eso el sufrimiento es intenso y demanda un gran trabajo para ser superado…

Y es ahí en donde interviene el tanatólogo, para ayudar a unos y otros a superar de la mejor manera las heridas en el alma producidas por todo tipo de pérdidas…

Duelo anticipatorio

Este duelo tiene lugar cuando se tiene conciencia de que se sufrirá una pérdida inminente, pero esta no se ha concretado todavía. Se produce cuando, por ejemplo, se prepara un divorcio, un largo viaje, cuando se presenta una enfermedad terminal o se programa una eutanasia.

Mujer duelo

La diferencia con respecto a otros duelos es que en el anticipatorio los sentimientos suelen ser mucho más ambivalentes e inestables. Como la persona está todavía ahí, los dolientes alternan la cercanía y la distancia: quieren sentir por última vez la presencia de esa persona, pero a la vez temen el apego que esto genera. En estos casos, lo mejor es expresar los sentimientos abierta y directamente con la persona que se va a ir.

Duelo ausente

Es una forma de duelo en la que quien se encuentra afectado bloquea sus sentimientos. Pretende actuar como si nada hubiera sucedido y se vuelve completamente hermético al tema. De hecho, si lo menciona, no le da un valor diferente al que le daría a cualquier otro asunto.

En este caso lo que opera es un mecanismo de negación. Es tan fuerte el impacto, que la persona no se siente capaz de afrontarlo. Por eso se enfoca hacia otros aspectos de la vida. El problema es que el dolor oculto siempre retorna, bien sea en forma de irritabilidad, ansiedad o de una enfermedad física, entre otros.

Duelo crónico

El duelo crónico se presenta cuando una persona no logra elaborar la pérdida de un ser querido. De uno u otro modo, se resiste a aceptar lo ocurrido y se enfoca obsesivamente en mantener vivo el recuerdo de ese alguien que ya no está. Termina paralizando su vida y manteniendo constantemente una postura de dolor.

Llora cuando lo necesites

Las personas con tendencias depresivas son más propensas a instalarse en este tipo de duelo, que también se convierte en una forma de vida. Prima la ansiedad, la tristeza y la culpa, así como una sensación de impotencia y desilusión. Este tipo de duelo demanda ayuda profesional.

Duelo retardado

Es, por lo general, un efecto del duelo ausente. Aunque en un principio la persona pretenda ignorar su dolor, pasado un tiempo emerge con gran fuerza y quizás en el momento menos esperado. A veces pueden transcurrir incluso varios años antes de que se inicie el duelo.

También se da el caso de que una persona no puede experimentar el duelo en el momento en que se produce la pérdida, debido a condiciones especiales, como un compromiso laboral demasiado exigente o una situación familiar apremiante. El dolor pospuesto aparece más tarde y presenta algunas complicaciones ya que usualmente debe vivirse en solitario.

Duelo inhibido

Este tipo de duelo lo experimentan las personas que tienen gran dificultad para expresar sus sentimientos. Es el caso de los niños, que no aciertan a poner en palabras todo lo que esa situación representa. En muchas ocasiones los adultos ignoran su dolor y no les ayudan a superarlo, pues tienen la convicción de que “ellos no entienden”.

Mariposa

También se inhibe el duelo en el caso de las personas con algún tipo de discapacidad cognitiva. O en situaciones como las del padre o la madre de familia, que intentan mantenerse fuertes para no afectar a sus hijos. O, simplemente, cuando alguien es muy reservado y no tiene la oportunidad de hablar acerca de lo que siente. En cualquier caso, la inhibición se traduce en obsesiones, depresión constante, ansiedad, etc.

Duelo desautorizado

En el duelo desautorizado lo que hay es un rechazo del entorno hacia el dolor que experimenta una persona. A la larga, tarde o temprano, los demás siempre intentan desautorizar el duelo en algún punto porque, para quien no experimenta el sufrimiento, lo que debe hacer el doliente es dejar ir a quien ya se fue y seguir con su vida.

Sin embargo, hay situaciones específicas en las que abiertamente se desautoriza el duelo desde un comienzo. Por ejemplo, cuando muere un hombre o una mujer que tenían una relación extramarital. El amante o la amante, “no tendrán derecho” a expresar su pesar. A veces esto también se aplica a la muerte de una mascota, ya que, si genera mucho dolor, los demás tenderán a descalificar ese sufrimiento.

Rostro triste

Formas de duelo: el arte de saber decir adiós

Nadie nos ha enseñado nunca cuáles son las leyes del sufrimiento y cómo afrontarlas. Habitualmente, el dolor por la pérdida llega de improviso para desestabilizarnos, para rompernos un poco por dentro. Poco a poco vamos recogiendo cada pieza para reconstruirnos de nuevo, sin saber que ese proceso es, posiblemente, el mayor aprendizaje que hayamos obtenido nunca.

Nadie es inmune a la pérdida, el duelo es algo que todos vamos a sufrir alguna vez: perder a un familiar, romper una relación afectiva o el simple hecho de madurar, supone atravesar diferentes niveles de duelo.

Lo complicado de todas y cada una de estas formas de duelo, es que ninguno de nosotros se lleva demasiado bien con el sufrimiento, no sabemos gestionarlo, nos desborda y en ocasiones, hasta nos destroza. Porque… ¿Cómo hacerlo? ¿Existe quizá una fórmula mágica que nos haga inmunes a la separación, al vacío, al hueco insondable de esa mano que ya no nos sujeta?

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Fuente: El Sol de Cuernavaca

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